"Resulta que el tal Candaules estaba
enamorado de su mujer y, como enamorado creía firmemente tener la mujer más
bella del mundo; de modo que, convencido de ello y como, entre sus oficiales,
Giges, hijo de Dascilo, era su máximo favorito, Candaules confiaba al tal Gíges
sus más importantes asuntos y, particularmente, le ponderaba la hermosura de su
mujer. Y, al cabo de no mucho tiempo -pues el destino quería que la desgracia
alcanzara a Candaules-, le dijo a Giges lo siguiente: «Giges, como creo que,
pese a mis palabras, no estás convencido de la belleza de mi mujer prueba a
verla desnuda.» Giges, entonces, exclamó diciendo: «Señor, ¿qué insana proposición
me haces al sugerirme que vea desnuda a mi señora? Cuando una mujer se despoja
de su túnica, con ella se despoja también de su pudor. Hace tiempo que los
hombres conformaron las reglas del decoro, reglas que debemos observar; una de
ellas estriba en que cada cual se atenga a lo suyo. Además, yo estoy convencido
de que ella es la mujer más bella del mundo y te ruego que no me pidas
desafueros».
Con estas palabras Giges trataba, claro
es, de negarse, por temor a que el asunto le ocasionara algún perjuicio, pero
Candaules le contestó en estos términos: «Tranquilízate, Giges, y no tengas
miedo de mí, pensando que te hago esta proposición para probarte, ni de mi
mujer, por temor a que ella pueda ocasionarte algún daño; pues yo lo dispondré
todo de manera que ella ni siquiera se entere de que tú la has visto. Te
apostaré tras la puerta de la alcoba en que dormimos, que estará entreabierta;
y en cuanto yo haya entrado, llegará también mi mujer para acostarse. Junto a
la entrada hay un asiento; en él colocará sus ropas conforme se las vaya
quitando y podrás contemplarla con entera libertad. Finalmente, cuando desde el
asiento se dirija,a la cama y quedes a su espalda, procura entonces cruzar la
puerta sin que te vea.»
En vista de que no podía soslayarlo,
Giges,accedió a ello. Cuando Candaules consideró que era hora deacostarse,
llevó a Giges al dormitorio y, acto seguido, acudió también su mujer; una vez estuvo
dentro, y mientras iba dejando sus ropas, Giges pudo contemplarla. Y cuando, al
dirigirse la mujer hacia el lecho, quedó a su espalda, salió a hurtadillas de
la estancia. La mujer le vio salir, pero, aunque comprendió lo que su marido
había hecho, no se puso a gritar por la vergüenza sufrida ni denotó haberse
dado cuenta, con el propósito de vengarse de Candaules, ya que, entre los
lídios -como entre casi todos los bárbaros en general-, ser contemplado desnudo
supone una gran vejación hasta para un hombre.
Por el momento, pues, sin ninguna
exteriorización, se mostró así de tranquila. Pero en cuanto se hizo de día,
alertó a los servidores que sabía le eran más leales e hizo llamar a Giges.
Este, que no pensaba que ella estuviera al tanto de lo sucedido, acudió a su
llamada, pues ya antes solía, cuando la reina lo hacía llamar, presentarse a
ella. Y cuando Giges llegó, la mujer le dijo lo siguiente: «Giges, deentre los
dos caminos que ahora se te ofrecen, te doy a escoger, el que prefieras seguir:
o bien matas a Candaules, y te haces conmigo y con el reino de los lidios, o
bien eres tú quien debe morir sin más demora para evitar que, en lo sucesivo,
por seguir todas las órdenes de Candaules, veas lo que no debes. Sí, debe morir
quien ha tramado ese plan, o tú, que me has visto desnuda y has obrado contra
las leyes del decoro.» Por un instante, Giges quedó perplejo ante sus palabras,
pero, después, comenzó a suplicarle que no le sumiera en la necesidad de tener
que hacer semejante elección. Sin embargo como no logró convencerla, sino que
se vio realmente enfrentado a la necesidad de matar a su señor, o de perecer él
a manos de otros, optó por conservar la vida. Así que le formuló la siguiente
pregunta: «Ya que me obligas -dijo- a matar a mi señor contra mi voluntad, de
acuerdo, te escucho; dime cómo atentaremos contra él.» Ella, entonces, le dijo
en respuesta: «La acción tendrá efecto en el mismo lugar en que me exhibió
desnuda y el atentado se llevará a cabo cuando duerma.»
Después de haber tramado la conspiración,
al llegar la noche, Giges siguió a la mujer al dormitorio. Ella, después de
entregarle un puñal, lo ocultó detrás mismo de la puerta. Y, al cabo, mientras
Candaules descansaba, Giges salió con sigilo, le dio muerte y se hizo con la
mujer y con el reino de los lidios. Precisamente Arquiloco de Paros, que vivió
por esa misma época, mencionó a Giges en un trímetro yámbico. Se apoderó, pues,
de la realeza y fue confirmado en ella por el oráculo de Delfos. Sucedió, en
efecto, que, como los lidios consideraban intolerable la muerte de Candaules y
estaban en armas, los partidarios de Giges y el resto de los lidios convinieron
en que, si el oráculo prescribía que él fuera rey de los lidios, en ese caso
reinaría; pero, de lo contrario, restituiría el poder a los Heráclidas. Y,
efectivamente, el oráculo lo prescribió y así Giges se convirtió en rey."
En este relato claramente se pueden ver dos
dilemas. El primero, es el de ver a la mujer del rey desnuda, ya que a pesar de
ser algo que no le terminase de disgustar estaba contra la ley y podría tener
consecuencias.
No pienso que la decisión tomada fuera la
mejor pero normalmente cuando nos insisten en algo que nosotros en el fondo
queremos tendemos a ceder.
El segundo dilema que se puede observar es
la de matar a su amigo para salvar su vida, tras haber cometido un error debe
matar al marido de la dama a quien vio desnuda para salvar la vida. El ansia de
poder y el miedo a la muerte son dos grandes herramientas para que se decantase
a hacerlo.
ELENA GARCÍA CANDAU.

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